Noche impura en Santo Domingo: Aural cierra con Omar Souleyman

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@Raika83 / Fotos: Miguel Ángel Luján

En el plano general, la edición de 2014 del festival de exploración sonora, Aural, se dividió en dos perspectivas; por un lado estuvo lo bien amarrado y curado que está el festival dirigido por Rogelio Sosa, de verdad que en poco tiempo se perfeccionó la estafeta y difícil tarea que había dejado Radar, aunque los detalle en la logística y la calidad del audio aún persisten (¿en dónde no?), y bien se puede seguir haciendo mucho al respecto.

Por otro lado está el aspecto de los asistentes. Tal vez fue lo demasiado específico de la selección de artistas este año (Charlemagne Palestine, Wadada Leo Smith, Florian Hecker…), la situación monetaria ante la abrumadora oferta cultural de fechas recientes o algunas fallas notables en la difusión del programa, pero este 2014 fue un año en la que los recintos estuvieron poco concurridos, menos que en otras ediciones pese a lo económico de las entradas, las facilidades de acreditación o lo sencillo que era conseguir boletos a través de los medios asociados.

Sin embargo, este segundo aspecto no amainó el entusiasmo y cariño por uno de los festivales más queridos por los seguidores del ruido, la experimentación y los paisajes sonoros abstractos. Todos los eventos tuvieron un elemento distintivo, todas las noches uno regresaba con algo para dialogar y guardar en la memoria. El cierre del festival, la noche del viernes 21 de marzo, no fue la excepción y sí una grata sorpresa, al parecer sin precedentes en la historia de Aural y Radar mismo.

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El sirio Omar Souleyman se presentaría en el palacio de Medicina de la UNAM, a un costado de la Plaza de Santo Domingo, para dar fin a las actividades de Aural. La noticia ya era de hecho una incógnita en sí misma, ya que la figura de Souleyman dentro de Aural se percibía ambigua: ¿un sirio más musical que noiser o experimental? Además ¿reconocido a nivel mundial? ¿No era esto una salida de la línea curatorial de Aural?

La primera sorpresa fue un cambio de sede de última hora de la cual no se notificó el motivo. Sin embargo, el cambio fue para bien: a menos de una cuadra del lugar original, el Centro Cultural del México Contemporáneo fungió como escenario del evento. Para sorpresa de los que no habíamos visitado nunca el recinto, no sólo hubo sonrisas por lo amplio, elegante y distinto del recinto, sino por su aspecto de una suerte de “Coliseo” romano, con una pared de concreto austero de gran proporción.

El ahora cuarteto colectivo mexicano Las Brisas fue el encargado de abrir apetito, logrando la inmersión y atención de propios y extraños que departían en el lugar. Pese al cambio, las fallas técnicas y el levemente menos potente del audio, el combo de electrónica experimental-bailable se anotó un diez por el grado de calidad que desarrollan. Las Brisas son un grupo que ya debería sacar algún trabajo de estudio, son buenísimos en vivo.

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Finalmente, Souleyman vino a dar broche de oro desde Medio Oriente y calmó el ansia de quienes creían que el tipo era monótono y parco en vivo, generando una ola de baile, diversión y sensualidad en el recinto. Pese a su solemnidad y apego a una cultura que nos resulta ajena y exótica, Omar detonó por completo la entrega de todos, más allá del prejuicio, la barrera idiomática y la reserva tímida. Organizadores, fotógrafos, músicos, prensa y público en general entraron en comunión con ese Dabke distorsionado que lo ha hecho viajar por todo Occidente.

Para muchos resultaba rarísimo ver a un tipo ataviado como jeque árabe en escena, con sólo un tecladista fenomenal como acompañante. De expresiones sobrias y completamente disonantes con el sonido, frenético, agudo y hasta cierto punto desgarbado que salía de las bocinas, Omar dio uno de los mejores shows del año en DF, en definitiva.

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Pese a todos los embates, cambios de administración, detalles logísticos y de asistencia, el equipo de Aural sigue retándose a hacerlo cada año mejor, con la impronta del arriesgue en cada uno de sus números. Sí, lo que hoy conocemos como música experimental, aunque siempre de nicho, ya ha despertado un interés y una asimilación por un número considerable de asistentes. ¿Qué sigue? No sabemos, por lo pronto festejar y atesorar en la memoria del cuerpo los bailes y contorsiones de la gente al ritmo de Souleyman. Más adelante quedarán sonidos más profundos en los cuales explorar.

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