“Se Levanta el Viento” de Hayao Miyazaki, un momento trascendental para Ghibli

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Por Emmanuel R. Zugaide

Con la aparición del Estudio Ghibli en la década de los 80, la animación japonesa tomó un giro radical en cuanto al concepto de público al que se dirigía, incorporando una trama con matices propios de una sociedad moderna y un manejo de temas más complejos que los que se estaban viendo principalmente en las series infantiles de tv como “Heidi” o “Ana de las Tejas Verdes“.

Hayao Miyazaki se desempeñaba como director de animación para dichos proyectos y al paso del tiempo concretaría el primero de sus filmes, “El castillo de Cagliostro” (1979), basado en un cómic de su autoría, “Lupin“, que incluso también se convirtió en serie animada antes de ver la luz como película. Miyazaki ya venía dirigiendo algunas otras series como “Conan, el Niño del Futuro” o “Sherlock Holmes“. Fue allí en los estudios de Nippon Animation donde colaboraría con quien sería el cofundador de Ghibli, Isao Takahata.

laputaGhibli, que significa viento, es el nombre que deciden los dos amigos animadores por representar el momento que vivía la animación en Japón, “un revuelo”. Este estudio se caracteriza hasta hoy en día por manejar historias hechas al viejo estilo del papel y lápiz y demostrando que la animación por computadora, que abarca gran parte del mercado actual, no es la única opción. En 1984 el estudio toma forma y proyección con el lanzamiento de “Nausicaä del Valle del Viento“, una versión en gran formato del manga que Hayao venía desarrollando a principios de los 80 y con el cual lograría un cierto reconocimiento más allá de la escena local. Dos años después concreta lo que a mi gusto personal es el mejor trabajo por mucho de toda su obra, “El Castillo en el Cielo“, donde echa mano de algunas referencias a las civilizaciones antiguas como los mayas mezclando ante todo la ficción, el resultado es un deleite visual cuidadosamente detallado por el desarrollo. A lo largo de tres décadas, Miyazaki y Takahata han impulsado un modelo muy original para el cine de animación, dando oportunidad a jóvenes dibujantes y futuros realizadores, además de legar cintas fascinantes de hermosa manufactura como “La Tumba de las Luciérnagas” (1988, dirigida por Takahata), o “El Viaje de Chihiro“, la cual le valdría el reconocimiento mundial a Miyazaki y el Oscar a mejor película animada en 2002, estatuilla que rechazaría simbólicamente al no acudir a la gala argumentando: ¿cómo puedo recibir un premio de un país que se encuentra bombardeando Irak?

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En un reciente episodio el director anunció lo que sería su último trabajo de pantalla grande: “Se Levanta el Viento“, título que hace alusión a un fragmento de “El Cementerio Marino” del poeta francés Paul Valery, en donde da de lleno con el tema que tanto lo ha apasionado e inspirado y que está presente a lo largo de su filmografía, la aviación. Miyazaki, a sus 74 años entrega en esta cinta una metáfora de los sueños de Jiro Horikoshi, observar a los aviones como se miraría una pintura encontrando todos los atributos que la hacen una gran pieza de arte a su vez que alimentan la destrucción por la misiva que llevan encauzada. Es la primera película que aborda hechos históricos concretos como el terremoto de la ciudad de Kanto en 1923, la importación de tecnología alemana a un país que se consideraba de los más pobres, y la creación de los aviones caza zero que fueron el estandarte bélico del ejercito japonés en la segunda guerra mundial. Basada en la novela de Tatsuo HoriEl Viento se Levanta” de 1937, la historia se centra en Jiro, un joven diseñador aeronáutico que desde pequeño lee bastantes revistas de aviación y por las cuales conoce a Giovanni Caproni, el más grande diseñador Italiano de aviones, adentrándose en este mundo de ensoñación y por el cual se desvive hasta llegar a trabajar en la empresa Mitsubishi, encargada de fabricar un avión que fuese tan poderoso como el de los alemanes; cabe destacar que la trama se desarrolla justo en este auge de la carrera de la aviación como producto de la primera guerra mundial, justo cuando Japón trata de posicionarse como futura potencia. Jiro conoce a Honjo, personaje que suelta las afirmaciones más tajantes en cuanto a la perspectiva del país en aquel entonces y con el cual traba una amistad al tiempo que trabajan en sus propios proyectos. Jiro se enamora de Hyoko, una joven que ayuda en el momento del terremoto, años después estando enferma de tuberculosis, Hyoko escapa del hospital en las montañas para encontrarse con Jiro y casarse incentivando a este para culminar su obra maestra, el avión caza zero.

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El filme presenta por primera vez a un Hayao Miyazaki alejado de los mundos de seres fantásticos a los que nos tenía acostumbrados y aborda un tema ultrasensible para la sociedad japonesa y distintos círculos, como por ejemplo en Corea del Norte, donde criticaron seriamente la cinta al mencionar que “glorificaba al imperio japonés”, o los activistas en contra del tabaco que acusaron la incitación del hábito de fumar, y es que es una película donde se fuma y se fuma mucho. Es cierto que la ficción está presente, más lo es en el plano de los sueños, y funciona como hilo conductor de una espesura típica del trabajo del director japonés. El cine de Hayao Miyazaki es poderoso visualmente gracias a que explota la fantasía, esa que se siente más real cuando de animación se trata, logrando captar la admiración de millones de personas en temas que exploran desde el romance hasta la crueldad humana pasando por la utopía, el mensaje antibélico o el discurso ambientalista, conjugando hechos históricos trascendentales y oníricos.

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