Una guitarra errante y un beso francés: la historia de Bob Welch

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Por @Raika83

Cuando uno habla de Fleetwood Mac, es difícil generar un consenso de gustos más allá del “Rumours” (1977). Sin embargo, el mítico conjunto de Reino Unido tiene más tela de dónde cortar. Dependiendo de a quién le preguntes, te hablarán de tres o cuatro Fleetwood Mac diferentes, en primera instancia por su larga trayectoria artística (más de 40 años), su constante cambio de alineación y su consecuente giro estilístico, que fue del blués más basicote, pasando por la ola setentera del rock blues grasoso, hasta virar en un pop, que de elegante e inteligente pasó al anquilosamiento y a la balada pegadiza para señor enamoradizo.

El año pasado salió un tributo a la banda inglesa titulado “Just Tell Me That You Want Me”, que contiene canciones de grupos considerados “nuevos” como Washed Out, Tame Impala, Best Coast o MGMT, casi todas de su periodo pop setentero. Estamos hablando de bandas con mucha influencia pop en su propuesta, pero también llenos de psicodelia, cierto jipismo inherente o guitarras interesantes. Ante todo son bandas que tratan de hacer una canción con estructura, pero sin caer en los clichés de artistoides pop, con más imagen que música. Fleetwood Mac es ante todo una banda importante, distintiva y respetada.

En el cotilleo entre melómanos clavados se habla mucho de la atribulada e intensa historia de Mick Fleetwood, del estupendo guitarrista Peter Green, de la voz femenina que le cambió la onda al grupo y lo catapultó más recio aún, Stevie Nicks; del alcoholismo problemático de Danny Kirwan, o la traición de Bob Weston con la mujer de Mick Fleetwood. Pero poco se habla del maravilloso Bob Welch.

Welch fue el guitarrista estadounidense que la banda requirió pasando su etapa bluesera mugrosa, con la cual enfrentarían el éxito y superarían el rock para entrarle de lleno a las melodías amorosas y al pop con gusto. Había talento en el grupo, y mucho, pero para quien esto escribe fueron muchas de las canciones de ese periodo de Fleetwood Mac (cinco discos en tres años de 1971 a 1974), las que fueron el caldo de cultivo para que el grupo trascendiera realmente artísticamente, con un disco del calibre de Rumours, el cual tiene poco más de 40 millones de copias vendidas en el mundo entero que lo respaldan. Nada mal para una banda que parecía nada más ensayar mucho y tener muchos problemas, ¿no?

Cuna de oro

El flaco guitarrero era un fresa grueso, como dijera Agustín, criado en el seno de la fama, la lana y las luces de Beberly Hills: su padre fue guionista y productor cinematográfico, mientras que su madre, Templeton Fox, fue cantante y actriz. La verdad es que la escuela no le interesaba mucho a Welch, quien tuvo su primera lira a los ocho años y mamara durante su adolescencia del jazz, el rythm and blues y el horroroso mundo del rock.

Sí, Welch fumaba mucha mota y se dejaba la barba como su pandilla. A los 19 años, en 1962, Bob se hace wey con terminar la escuela y se clava a tocar con un grupo vocal llamado The Seven Souls, grupo que en el 67 sacó un sencillo que no pegó nada, pero que su lado B, “I still love you” se convertiría en la bandera del género llamado Northern Soul, conformado por grupos interraciales del norte de Inglaterra.

Desde entonces, Welch tenía en mente las armonías, lo pop, el refinamiento de la estructura y la navegación del “feelling”. En 1969, The Seven Souls se disuelven y Welch va errando de banda en banda unos dos años, para después incorporarse a las filas de los británicos Fleetwood Mac, quien para entonces ya no tenía a tres de sus miembros más emblemáticos, el ya legendario Peter Green y Jeremy Spencer.

Welch, guitarrista disciplinado y con miras a lo popular y romántico también, entra debutando en septiembre del 71 en el disco Future Games, al lado también de John McVie y su esposa Christine en las voces. Era una banda nueva casi en su totalidad y el público norteamericano por fin le estaba entrando a Fleetwood Mac.

Para su segundo disco (Bare Trees, 1972), el grupo pega otro trancazo con la rola “Sentimental Lady”, autoría de Welch, canción por la que lo recordaremos toda la vida, al parecer figura como su máxima aportación, sin embargo Welch traía una historia propia. A Kirwan lo corren por borracho y agresivo, y también por recomendación de Welch a Mick, con lo que Dave Walker entra al quite en Pinguin (1973), disco que fue un fiasco y no iba con el estilo del grupo, pero que hoy en día goza de relativo culto.

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Ese mismo años sacan Mystery to Me que trae la chingonsísima, cachonda, guitarrera y elegante “Hypnotized”. Con estas credenciales dentro del grupo, Welch parecía dirigir el barco de Mick Fleetwood y compañía. El look de Welch como dandy fresón, flaco, chino y bien concentrado en la guitarra y en la posecita de rockstar, tiene cierto misticismo y encanto que a pocos músicos de pop y rock les va.

El éxito estalló y Welch se hizo el guitarrista oficial de la banda, lo había logrado; había conseguido un nuevo contrato discográfico con Warner Bros y subía en las listas de popularidad, pero por otro lado Welch comenzaba a tener broncas de cansancio, discusiones en las giras, su matrimonio se estaba yendo al carajo y su humor no parecía ser el más amable. Con Heroes Are Hard to Find (1974) siente que creativamente ya no hay más allá con Fleetwood Mac, y en diciembre de ese año se va del grupo, para darle el relevo a quienes vendrían a cambiar (por enésima vez) el sonido de grupo aunque de una manera, al parecer más estable, Lindsey Buckingham y Stevie Nicks. Dije al parecer.

De a soldado

Bob Welch se sentía bien artísticamente hablando, su calidad estaba probada y después de un corto tiempo de relax volvió a las andadas. Al año siguiente (1975) se adentra a querer tocar un hard rock bien fresa y bastante fantasmón llamada Paris, a pesar de tener a un ex Jethro Tull reputado, Glenn Cornick y de contar con las armonías con onda de Welch en la lira, que por ese entonces ya se le veían juegos de cuerdas muy parecidas a lo que sonaba Zappa en ese entonces (guardadísimas proporciones, Welch no era tan virtuoso en la guitarra). El trío grabó dos discos en el 76 y desapareció del mapa.

Lo interesante de la historia de Welch en este periodo de su vida es que por un lado va a contracorriente pero sin darle al clavo, se percibían esas ganas de hacer algo “pegador”, algo vendedor, la herencia fresa y mainstream de Welch le pesaban no obstante su talento y pericia para hacer piezas memorables y honestas en sus propias lindes. Por una parte Welch mejora en la lira y adquiere un carácter particular y maduro (para estas alturas, Welch tiene poco más de 30 años) y decide hacer una segunda toma y borra lo hecho con Paris, pero sin dejar su pasión por el país europeo.

Una chica sentimental y una pelea perdida

Bob Welch grabó un total de 12 discos en 29 años hasta 2006, pero su carrera realmente se cayó desde 1983, con el sexto disco de su carrera como solista. Su debut, que para quien esto escribe es la obra maestra de Welch, French Kiss (1979) sigue siendo un bonito recuerdo de la época y no más, incluso los fans más acérrimos de la extensa obra de Fleetwood Mac (sí, los hay, como quienes coleccionan la discografía completa de Ringo) sólo topan y toleran hasta el segundo disco del guitarrista, el tibio pero con temas efectivos, Three Hearts (1979).

Esos dos discos como solistas son raros de verdad: por un lado carecen de cohesión pero guardan un estilo y encanto dinámico en Welch. Irónicamente financiado por Fleetwood Mac, con quienes tendría conflictos legales y de regalías en un futuro hasta 1996, French Kiss contaba en sus filas de músicos, sí, a Mick Fleetwood en la bataca y a Christine McVie en los coros. La onda con French Kiss consistía en clavar una colección de rolas pop en un abigarrado rock sinfónico, uno que por cierto no envejeció nada nada bien y que fue el sellito de un montón de grupos que pulularon en los ochenta.

¿Qué era French Kiss? ¿Bob Welch jugaba a ser una suerte de Elton John de la guitarra, excéntrico y refinado pero más histriónico y bobalicón que el inglés en aquella época? ¿Era Disco con pop de calidad y un aferre al rock más pasteurizado? Realmente estaba buscando una voz, sonaba a que la tenía muy clara, pero los bandazos sugerían un ego lastimado con ganas de ser resarcido. La pelea entre tu fama por haber colaborado con una banda legendaria o el olvido.

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Sin embargo, parecía que French Kiss lo estaba logrando, fue disco platino. Three Hearts, que no era otra cosa que el aferre por repetir exactamente (hasta en la portada se parece a su antecesor) la fórmula de éxito de Welch, tristemente devenida por la reversión a “Sentimental lady”, tema que ya hemos mencionado antes y que si bien lo mantenían en el gusto de la gente, comercialmente hablando, en términos de credibilidad musical comenzaba a fisurarse. Three Hearts tiene letras más inocentes, que giran ya cansadas por los nombres de las musas (en French Kiss fue la vivaz “Caroline” y en Three Hearts la ñoña y medianona“Oh Jenny”), el amor y la sensualidad de galán segurito de sí mismo.

Bob Welch seguía cantando muy bien y generando armonías de pop refinadísimo, en contexto hoy suenan mejor que mil bandas, pero lo cierto es que ya no tenían la fuerza, frescura ni aporte lírico de otro tiempo. Three Hearts tenía 12 temas que se diluían gacho, uno de ellos un cover feísimo a “I saw her standing there” y un coqueteo descarado al disco, la moda, la balada radiable, lo que muchas veces es lo que conocemos como el lado feo del pop.

Sin embargo, French Kiss es un disco para la posteridad que tal vez no haya sido valorado como se merece, con temas que si bien detonan cierta sorna de ridiculez involuntaria, también parecen haber probado el color y aporte de Welch en bandas y grupos que hoy vemos normal que hagan el crossover entre psicodelia, rock, low fi y armonías pop, como The Kills, Bonnie ‘Prince’ Billy o Lee Ranaldo, por seguir mencionando a los del álbum de homenaje ya referido. Temas como “Easy to Fall”, “Ebony Eyes” o “Hot Love, Cold World” recuerdan mucho el sonido de la nueva psicodelia de este siglo, al pop que hoy le escuchamos a los Flaming Lips o que muchos grupos del llamado hypnagogic pop, low fi o chill wave.

Un final

El resto de la historia de Bob Welch fue amargo, el resto de sus discos no logró ni la mitad de atención ni tuvieron la chispa de French Kiss, ya no tenía otra “Sentimental lady” para sacarse de la manga. Welch se mostraba poco contento con su carrera, que lo habían llevado a inclinarse cada vez más por el disco y el pop intrascendente, los conflictos con su esposa siempre fueron tema de chisme entre un sector enterado de la figura de Welch, pero el guitarrista siempre tuvo un perfil más bien discreto al respecto.

Durante los albores de los ochenta, el guitarrista comienza a caer en ventas y se hace adicto a la heroína, desenganchándose ya entrado 1986. El autor de “Lose my heart” abandona las grabaciones y se pone a componer para otros, sin mucho éxito que digamos. De ahí se da el rolando en plan pequeño y errando de Arizona a Tennessee.

En el 94, Bob demanda a sus ex compañeros por darle un menor porcentaje de las regalías, el conflicto logra un acuerdo en el 96, pero de ahí Welch se expresaría mal de la pandilla Fleetwood con frecuencia. En el 99 se pachequea de más con un tributo a clásicos del Be-bop bastante forzado y hasta ciertos puntos lamentable, lo catalogaron como jazz experimental, pero nada más lejano.

Welch no había notificado a muchos que desde hacía años atrás tenía problemas de columna, esa es la versión oficial. Cuando le dijeron que no iba a volver a caminar, decidió suicidarse de un tiro en el pecho en junio del año pasado. La nota suicida que dejó argumentaba, entre otras cosas, que su padre había pasado por una situación similar y le dolía saber que todos sufrirían por cuidarlo. Antes de su muerte, a partir de 2003, Welch tocó de forma más o menos regular con sus ex compañeros, grabando temas nuevos y presentándose en vivo hasta 2006.

Sirva este extenso texto para recordarlo y poner a French Kiss en otro lugar más digno.

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