Coque Malla, otro músico español que vino para quedarse

Música 07/11/2018

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Coque Malla, otro músico español que vino para quedarse

Iniciaba la semana con un sol terrible. De ésos que sofocan y que lo único que provoca es que quieras algo frío para amainar el calor. Tras mis lentes, le vi. Vestido de negro con camisa blanca y  lentes, traía ese cabello tan característico y su anillo en el dedo corazón.

Estaba con Morgan, su mano derecha en las giras y con Alberto, quien ayuda con prensa.

Era Coque Malla, cantautor madrileño que empezó muy joven a apoderarse de los escenarios españoles con su entonces banda Los Ronaldos. 

Caminamos por la Alameda, buscando un lugar donde acomodarnos y hacer las preguntas que, admito, preparé sobre la marcha. Sigo su trabajo desde hace tiempo, cosa que da una cierta ventaja al momento de preguntar.

Finalmente nos decantamos por un restaurante, pedimos una cerveza, oscura y fría porque así le gusta. Me dio gusto verle, ya desde el papel de reportera y no de fan. Vale, no tan fan. 

Desde el 2014, Malla ha visitado nuestro país dando conciertos en auditorios de universidades, bares y foros pequeños. En España es uno de los referentes musicales, pues varios quisieron alcanzar el sueño de tener una banda a partir de verlo a él tocando. En México, sin embargo, su carrera se ha ido consolidando de modo tal que ha agotado fechas en el Foro del Tejedor y se presentará en Guadalajara el 8 de Noviembre. 

Sus últimos discos, El último hombre en la Tierra e Irrepetible, le han llevado a recorrer toda España y ahora México, sumando más y más seguidores. Irrepetible, disco y dvd grabado en vivo, junta las mejores y más personales canciones del músico a las que se suma la compañía de colegas de profesión como Dani Martin o Iván Ferreiro. 

Las giras en España “han sido increíbles. Yo creo que hubo una chispa que se encendió con La hora de los Gigantes y ha ido creciendo. Con Mujeres hubo un fogonazo en la chispa y con El último hombre en la tierra explotó”.

El contacto con el publicó cambió, los retos eran mayores y la integración de nuevos instrumentos a los discos era una prueba que superó con éxito. Coque recuerda esos primeros intentos de hacer que las canciones fueran más complejas, pese a que quizá la gente esperaba el mismo rock sencillo con el que era conocido en sus inicios. 

Irrepetible era un disco esperado por nosotros sus seguidores. Prometía duetos y una selección de canciones que representaban la esencia de Malla, así como “una celebración… que parte de la energía de ese disco [se refiere a El último hombre en la tierra] lo hace una fiesta con amigos: Santi [Balmes, Love of Lesbian], Dani, Iván, Neil Hannon [The Divine Commedy]”.

El resultado de esa reunión de amigos, cómplices de letras y escenario terminó en una de las giras más increíbles de la vida del madrileño. En los videos, que iban saliendo uno por uno, se siente la fraternidad con sus colegas. Así, con los demás protagonistas de ese disco, se fue creando una relación fuerte, menciona a Jorge Drexler con quien no tenía un nexo grande pero que finalmente aportó mucho a este material. O el guitarrista Amable Rodríguez con quien tras escuchar su disco instrumental, Rapalcuarto, no dudó en invitarle.

Sobre esto, Coque dice :

“empiezas a pensar, a tachar nombres y hay algunos que aparecen inmediatamente y sabes que tienen que estar. Luego piensas en gente que tienes cerca y con la que crees que puedes conectar. Creo que es fundamental que haya un cierto feeling emocional para que lo que pase en el escenario sea bonito e interesante. Prueba de ello, Iván.” Lo de Ferreiro y su amistad añeja se vio reflejada en la canción “Me dejó marchar”. 

Algunos como con Neil Hannon lanzó la moneda al aire. El destino lo hizo posible y los ojos de Malla se llenan de brillo al recordar esas colaboraciones y la admiración profunda que siente por cada uno de ellos. 

De escenarios grandes, Irrepetible pasó a lo que ahora en España está siendo “El cuarteto Irrepetible”, cuya idea salió a partir de ensayos y en ese momento:

“Estaba con mi guitarra, con las partituras ensayando las canciones y el sonido era increíble porque meter un cuarteto encima de una banda es maravilloso. Y así me di cuenta que yo solo con ellos cuatro sonaba increíble y tomamos la decisión de hacer una gira donde las cuerdas fuesen las protagonistas”.

Este DVD llegó a una sala de cine, “El matadero”, donde también se había proyectado Mujeres.

Entre fans, amigos y prensa, era como ir a un concierto de él mismo,  las sensaciones y energía era diferente. Todo se intensificaba. 

Entre sorbos de cerveza, Coque dice que “el éxito no es meter mucha gente en un lugar, ganar mucho dinero o ser muy famosos, sino que en los conciertos se genera una energía que no se genera cuando el éxito es más moderado”. 

Pregunto sobre dos discos que, personalmente, me parecen maravillosos por la historia que cada uno cuenta; por un lado Mujeres, disco cuyas canciones son interpretadas por Coque acompañado de mujeres talentosas como Amparo Valle (su madre), María Rodés, Annie B Sweet o Jaenette.

En este material se nota la admiración de Coque por sus compañeras pues cada una transforma las canciones y las re-significa.

Por otro lado El último hombre en la tierra, que cuenta una historia más personal, las letras muestran una parte profunda del músico que conecta con el escucha para éste las integre en su banda sonora.

Pero, ¿cómo fue el proceso entre algo colectivo a algo tan personal? -se queda pensado y dice que es buena pregunta. Yo espero su respuesta con ansias:

“La puesta en escena de Mujeres era conceptual, era novedosa. Una creación para ese momento, pero las canciones no eran nuevas. Entonces cuando yo llegué al Último hombre llevaba bastante tiempo sin componer, llevaba bastante tiempo sin encerrarme en mi estudio, en mi mismo a contar una historia nueva. La historia que contábamos en Mujeres era más formal. Llegué al estudio con ganas de contar algo, de viajar atrás y creo que parte de la fuerza y la posibilidad de dar ese paso a algo colectivo a algo individual tiene que ver con las ganas de tenía de hacer canciones nuevas”.

De fondo sonaba Morrissey, quizá un poco guiada por el músico que se independiza, pregunté sobre Los Ronaldos, banda con la que empezó su carrera.

Coque ha evolucionado en todos los aspectos y si bien la agrupación con la que tuvo sus primeros éxitos siguen unidos desde otro lugar, el músico dice que esa etapa está terminada porque “hay una gran gran parte a la que le cuesta volver a esa energía juvenil y acelerada”.

Ahora está centrado en contar sus historias, oscuras o luminosas, compartirlas con todo aquel que deseé escucharle. 

Venir a México es placentero; volver es un descubrimiento, saber que había gente que pagasen por verlo y se supieran las canciones ya era algo sin precedentes.

Recuerda esa primera vez en el Estado de México donde un auditorio conocía la letra de “Una moneda”, los primeros encuentros con los fans, las firmas, el contacto parecía imposible y me cuenta la fantasía que tuvo de venir tres meses a vivir aquí, solamente con su guitarra y tocar, conocer gente.

Había fans esperándolo, que conocía sus letras y mucho de su éxito no fue gracias a venir con su antigua banda en una época donde mucho músico español venía y hacía carrera en nuestro país.

La propagación de sus canciones fue gracias a internet, como mucha de la música que nos llega, y así en sus visitas encontró a más gente que lo esperaba, que coreaba sus canciones que pedía su próximo regreso:

“los conciertos en México son muy puros, sin interferencias extra musicales. Algo que no pasa en España”.

Para cada oyente el mensaje de las canciones se transforma. Muchas veces ni el autor de tal letra ve detalles o significados posibles a su creación, cuando sale una canción deja de ser propia y se puede rodear de infinidad de interpretaciones como, por ejemplo, “No puedo vivir sin ti”, tema utilizado por un partido  de ultra derecha con ideas con las que no sólo Coque no congenia, sino también sus paisanos.

Generar odio no es la alternativa y si como músico tienes la opción de alzar la voz y defender tus ideas, se hace para “dejar en evidencia lo ridículo de su mensaje”. 

Un nuevo disco se aproxima pero el cantautor necesita un descanso para que en enero regrese a tejer historias. Tres años de trabajo, de pensar en conceptos, arreglos, ropa y giras, años de presentaciones que se cristalizan en el escenario con una idea especifica.

A veces sus conciertos tienen aire Coheniano o Dylanezco -esto desde mi visión- pero ¿Coque y compañía preparan esto, lo tienen claro?

Termonuclear y Mujeres fueron discos donde me empeñé en plantear un concepto previo. Y curiosamente en El último hombre en la tierra el proceso generó un concepto mucho más potente del esperado y más solido que los otros discos. Muchas veces relajarte y dejar que la idea aparezca por sí misma le da más fuerza que planearlo. A menos que seas un genio -que yo no lo soy. Risas- y tengas todo claro”.

Habla de su hermano, Miguel, de las otras otras cabezas detrás de los discos y tiene claro que todos aportan algo importante. 

De aquí a sus próximos conciertos todo puede pasar, pregunto sobre músicos mexicanos que llaman su atención y, sin pensarlo habla de voces como Natalia LaFourcade o Julieta Venegas, de quienes admite que “hay algo en la voz, una manera muy característica que tienen las mexicanas de abordar la música, que es muy seductor, muy danzarín y especial”.  

Sin embargo esta relación entre México y España se ha ido consolidando con los años haciendo que músicos de todo tipo vayan y vengan cada dos por tres: “estáis invadidos”, dice entre risas.

Coque tiene la sensación que “hubo un boom muy fuerte en los ochentas que después se aplacó y ahora está reviviendo un poco y ahora con Love of Lesbian, Sidecars, es que estamos viniendo todos”.

Me pregunta qué pienso yo, y espero hablar por todos los seguidores de la música española cuando dije que sin duda estamos felices pero luego ves que tienes dos conciertos el mismo día, que ya gastaste todo y que vas a uno o a otro o te quedas llorando en cama.

Pero hay otros factores, por ejemplo la crisis que sigue todavía en España:

“lo que pasa con las crisis es eso, que emigramos y buscamos oportunidades. Esta necesidad de salir de España, que seguimos teniendo. Somos migrantes de lujo, porque a diferencia de nuestros abuelos que se iban con una maleta a Berlín o no sé qué, nosotros tomamos un avión y luego volvemos a casa, pero estamos haciendo lo mismo. Las cosas allá están o estaban muy jodidas y estamos en busca de algo. Luego llegamos aquí y flipamos; la relación que tiene el público mexicano con la cultura, con el arte, con la música, con el rock es muy bestia, muy especial. Yo adoro mi país, adoro a mi público pero hay un general un espíritu de sentir la cultura no como una religión, ni algo necesario si no como algo de ocio. Algo común”.

Habla de los anglosajones y el respeto que el público profesa a sus artistas y para Coque es maravilloso que se consuma la cultura como algo para ser mejores. Buscan el calor, la emoción, eso nuevo que nutra y que puedan llevarse a contar a los demás.

Así Coque Malla habla a pierna suelta de lo que fue y es, de su perspectiva tras años de escenarios, de enfrentarse a público nuevo y de saber que algún rincón del mundo habemos quienes tarareamos sus canciones para hacerlas nuestras, para compartirlas.

Cada viaje es una historia y con cada visita de músico que cree que nadie lo conoce se escriben historias que se llevan a otros lados. Gracias, Coque. Me despido, pido una foto y le abrazo, porque para mí de esta visita es mi historia con Malla.